Mi incondicional miedo a las alturas nos había obligado a realizar el trayecto por carretera. Bastante tedioso ya que no se hacía muy apetecible recorrer los más de 3000 km de diferencia que separaba nuestro destino, de nuestro loft en Charlotte.
La idea de elegir un loft como vivienda no había sido sino mía, en ese lucroso afán por aprovechar y sobretodo maximizar, todo el espacio que se tenía, y por ende que se había pagado. Constaba de un semipiso inferior, en el cual, aparte del equipo audiovisual y de los típicos muebles como el puff o la chaiselongue, no existía nada más y dejaba bastanto poco a la imaginación. En la planta baja era donde se podía encontrar el resto de la casa. Con una cocina pequeña, de barra americana, una cama al fondo y el pequeño espacio donde Teresa solía realizar algunos ensayos fotográficas aprovechando la gran luz que entraba por todas las ventanas de la casa.
El viaje lo realizaríamos a turnos, como siempre era habitual, ya que, sobretodo a mí, me entretenía quedarme mirando por la ventana, asique seguramente realizaría no más de un cuarto de la conducción total o quizá la última parte, cuando ya hubiéramos alcanzado las montañas de Utah.
Después de un largo tramo, subiendo y bajando, con la carga de maletas, emprendimos viaje, ya entrada la tarde hacia nuestro destino. Con por supuesto, gran cantidad de tráfico, de toda la gente que hacía su entrada y salida de la gran capital de Carolina del Norte, al horario de finalización de sus trabajos. Tan larga y tediosa fue la salida, que tuvimos que hacer una parada en un motel de carretera, cerca de Newport, para cenar y para también dormitar un poco, ya que se preveía un largo día de carretera a la mañana siguiente.
Era uno de esos lugares fascinantes, pero me daba la impresión y así siendo de noche, que era un típico paraje del siglo XIX en el cual apenas había cambiado nada. En mi cabeza tenía la impresión de que en cualquier momento podría aparecer un carruaje tirado por caballos, del que descendiera un grupo de hombres dispuestos a jugar al poker y atiborrarse del whisky más barato que les pudieran servir en el pequeño bar del motel.
Teresa me preguntó en el momento en que cenábamos: - ¿No te huele un poco extraño?-
- Quizás sí, pero supongo que estarán limpiando la cocina ya que es bastante tarde- dije, alardeando una vez más, como si conociera todo lo que sucede a mi alrededor. -De todas formas, arriba, está todo perfecto, y podemos descansar de manera tranquila-
Le guiñé un ojo y ella espetó una sonrisa, conocía de sobra mi talento por realizar siempre el mismo tipo de gracias y chistes, una gracia al estilo de "Te conozco demasiado, pero necesito descansar, ya que luego seré yo la que conduzca la mayor parte del día".
Al finalizar la cena, ascendimos a la pequeña pero de verdad acogedora habitación. Constaba de una cama, un gran servicio, unas mesitas, un par de ventanucos y un mueble con televisión. Cualquier joven soltero con pocos ingresos podría subsistir en unas condiciones así, ya que la pulcritud era máxima en todo el lugar.
La verdad que al tumbarme en la cama no tardé en coger el sueño, que hubiero sido menos si Teresa no se hubiera despedido con su típico y escueto: - Buenas noches-.
El bosque se hacia oscuro
domingo, 9 de enero de 2011
martes, 21 de diciembre de 2010
Introducción
A Teresa le apasionaba la idea de pasar juntos esas vacaciones. De hecho eran las primeras que podíamos pasar juntos desde que se hubiera convertido en una de las fotógrafas mejor pagadas del país, quizá entre las más destacadas del mundo. Aunque viajaba muy a menudo, con este descanso para los dos en Oregon se mostraba muy ilusionada.
Para ser sinceros, yo también necesitaba descanso, y de alguna forma sentirme a la par que ella, verla terrenal por un tiempo ya que mi orgullo se veía dolido al ver que había alcanzado el éxito en su trabajo y yo me había quedado en un simple profesor de análisis en una no muy prestigiosa universidad. Quizá apartar por una vez nuestros líos laborales vendría bien para alcanzar a comprender un poco mejor la parte humana de cada uno. Y me hacía ilusión ver lo que podría esconder detrás de esa melena de color castaño casi rojizo, y no a través del objetivo de, como yo la llamaba, esa maldita máquina de cazar momentos.
Hacer el equipaje fue la parte más complicada, y no respecto a las prendas a llevar, ya que seguramente sería jerseys, chaquetas u otras prendas con certeza de lana. tarde mucho en decider que música llevar, o que tipo de entretenimiento me daría más satisfacción en momentos totales de relax. Al final opté por llevar unos cuantos temas de Sheryl Crow y un par de novelas que había recibido como regalo de Navidades un par de años atrás. Sí, quería unas vaciones tranquilas totalmente, en un lugar que no me imaginaba lo que acabaría siendo para mí...
Para ser sinceros, yo también necesitaba descanso, y de alguna forma sentirme a la par que ella, verla terrenal por un tiempo ya que mi orgullo se veía dolido al ver que había alcanzado el éxito en su trabajo y yo me había quedado en un simple profesor de análisis en una no muy prestigiosa universidad. Quizá apartar por una vez nuestros líos laborales vendría bien para alcanzar a comprender un poco mejor la parte humana de cada uno. Y me hacía ilusión ver lo que podría esconder detrás de esa melena de color castaño casi rojizo, y no a través del objetivo de, como yo la llamaba, esa maldita máquina de cazar momentos.
Hacer el equipaje fue la parte más complicada, y no respecto a las prendas a llevar, ya que seguramente sería jerseys, chaquetas u otras prendas con certeza de lana. tarde mucho en decider que música llevar, o que tipo de entretenimiento me daría más satisfacción en momentos totales de relax. Al final opté por llevar unos cuantos temas de Sheryl Crow y un par de novelas que había recibido como regalo de Navidades un par de años atrás. Sí, quería unas vaciones tranquilas totalmente, en un lugar que no me imaginaba lo que acabaría siendo para mí...
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